Dinero perdido por mala gestión

Nos hemos centrado anteriormente en ver los mecanismos de financiación ( personal, bancaria o inversores) comentando los problemas que atraen estos últimos, así como cómo afectan las subvenciones. Pero, independientemente de todo eso, la clave está en la eficiencia gestión diaria.

La gestión económica nos consume grandes recursos diarios (aunque gracias a tener un socio y empleados me estoy librando). La falta de capital externo que sostenga la empresa, así como la política “arriesgada” iniciada desde el principio, hizo que cada día se tenga que optimizar los recursos. Lógicamente, tiene una parte negativa, en tiempo dedicado a reducir y acotar los euros gastados; pero se compensa con creces al cuidar con mucho celo el saneamiento económico. Ya comentaba que, el hecho de no tener inversores, hace que todos los euros que salen de la empresa sean vistos como propios.

También es cierto que ese “celo”que comentamos anteriormente tiene periodos de debilidad, donde, perdidos por la euforia puntual (quizás varios proyectos conseguidos en poco tiempo,…), hace que se realicen inversiones y gastos superfluos a lo loco. Posteriormente, vienen periodos de sequía, donde se deben cuidar al extremo todos los gastos para tener una tesorería solvente y poder cumplir todos los compromisos económicos previstos. Más adelante habrá que hablar sobre la gestión de tesorería.

Por esta vía, la de darnos alegrías, debimos haber perdido unos cientos de miles de euros (bueno … ¿estaré exagerando?). Equipamiento comprado para proyectos de I+D que al poco tiempo queda en una caja, cursos pagados en el extranjero a trabajadores desmotivados, contratación de trabajadores inadecuados o que no se necesitan, gastos en viajes comerciales evitables,… en fin, cientos de cosas que creo que, en el caso de no haberse producido, permitirían haber consolidado económicamente la empresa antes.

Alguna vez nos comentaron que arriesgábamos mucho económicamente, por tirarnos a la piscina con ideas que representaban un coste. Por un lado es verdad, ahora creo que me he hecho un poco más conservador, pero también es verdad que antes no teníamos nada que conservar. Si repitiera desde cero, que entiendo que es el fin último de estas notas, acotaría los gastos hasta el extremo e invertiría más en planificación.

Como empezamos seis personas (con el ánimo de ser ocho en pocas semanas) y no teníamos ni un portfolio claro, ni un mercado objetivo ni una base de clientes fuerte, vivimos siempre ese primer año con horizontes temporales de ausencia de liquidez a corto plazo. Esa ansiedad nos condicionó las primeras decisiones. Compramos equipos, mamparas, aire acondicionado y adecuamos una oficina para alojar a gente que no necesitamos y con dinero que no teníamos. Todo ello motivado por el extraño deber moral de darles trabajo (por una mala experiencia previa en la que nos vimos todos involucrados) a una serie de personas que, en su mayor parte abandonaron la empresa cuando se les empezó a necesitar y comenzaban a ser productivos.

Ese es un fallo de partida enorme, y de hecho es casi sorprendente que saliéramos vivos, pero, como era nuestro ese dinero , creo que nos sirvió para aprender una lección.

Mis recomendaciones para nuevos proyectos van en la línea de analizar minuciosamente el dinero necesario para ese primer año. Ese dinero es el que hay que conseguir por la vías tradicionales (propios, familia y banca). De hecho ahora hay oportunidades estupendas de financiación bancaria con soporte público. Y, en proyectos técnicos, hay organismos públicos estatales que pueden ser una buena ayuda, aunque yo no haría que fuera mayoritaria (esas ayudas hay que devolverlas y tienen el riesgo de no valorar el dinero al no ser propio, como comentaba antes)

Con esos números es donde yo pediría consejo (mucha gente coincide con que se pide poca ayuda a gente que ha pasado por proyectos similares) para reducir el capital necesario al mínimo y poder reducir la dedicación de tiempo a la gestión de caja, pasando de todos los días a semanas o algunos días al mes. Uno de los problemas de la tesorería de una empresa es que tiene que estar siempre en positivo, por lo que requiere monitorizarla a corto plazo y fijar políticas con un horizonte más largo, para tener unas cuentas saneadas.

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