Emprender en Galicia: nuestro caso particular (2)
Seguimos desde el post de la semana pasada http://iagosoto.eu/2011/01/16/emprender-en-galicia-nuestro-caso-particular-1/
Hemos comentado que Galicia es una región con altas dosis de autogobierno y sentimiento popular, pero dependiente económicamente y con alta voluntad de pertenencia no sólo a España sino también a la Unión Europea.
Esta situación económica se traduce en la existencia de fuertes ayudas públicas desde hace unos veinte años en fondos de cohesión territorial que, aunque tenían la voluntad de acercar Galicia a la media económica europea han tardado en dar sus frutos (cuyo mayor acercamiento se ha dado por la incorporación de nuevas regiones más pobres). En cualquier caso ha servido para que el gobierno de Galicia haya tenido acceso a enormes cantidades de dinero para inversiones, muy por encima de las lógicas para un país de ese tamaño y nivel económico.
Estas ayudas, lejos de ser verdaderamente dinamizadoras de la economía local, han sido gestionadas de manera no eficiente, lo que ha llevado al fortalecimiento de componentes de corrupción económica debido a la fuerte establecimiento del poder politico. Esto ha hecho que una buena parte de estas ayudas no hayan aportado las necesarias infraestructuras y, sobre todo, no hayan servido para consolidar la economía local y la generación de nuevas iniciativas, al menos como correspondería para esas inversiones.
Eso dio pie a que creciera también la figura de lo que podríamos denominar “caza-subvenciones”, empresas especializadas en conocer todas las fuentes de financiación públicas existentes en las diferentes regiones y preparar memorias para conseguir y justificar esa bolsa económica. Todas ellas se caracterizan por tener poca motivación en el aprovechamiento real de la inversión pública en el fin último para la que ésta fue creada y, por tanto, suponen un lastre del sistema.
En los años que llevamos son cientos las empresas de consultoría que van al carro del enorme éxito economico de las primeras y cada día recibimos mails con ofrecimientos variopintos con coste cero para la empresa. Bien es cierto, que alguna de estas consultoras es gallega y que ahora está explotando su negocio también en nuevos países de la Unión Europea, pero no es algo de lo que considere que debamos sentirnos orgullosos
Adicionalmente, habría que tener en cuenta la personalidad diferente del empresario gallego, que si bien tiene mayor constumbre de cohabitar con sus colegas de sector por la via de asociaciones respecto a otros lugares, esto no suele traducirse en la realización de negocios conjuntos. El resto del sector, más que como posibles palancas para ayudar al despegue económico (apertura de nuevos mercados, consolidación de ofertas, busqueda de sinergias,…) genera extraños recelos sobre el potencial de quitar el negocio propio, hasta el punto de llegar a sentir incomodo respecto al éxito del próximo.
Habría que ser un sociólogo o un psicólogo para entender en detalle este fenómeno, pero recientemente alguien me comentó que Vicente Risco, allá por los años treinta, ya lo estudió y le dio el nombre de “auto-odio gallego”. Sea o no tal cual, Galicia no actua como lobby para nada, salvo en el sector del automóvil, que viene marcado por la cultura francesa de la empresa tractora: PSA Peugeot Citroen.
Hablando de empresas tractoras por sectores, el de las tecnologías de la información también padece esa falta de dinamismo por parte de los líderes del mercado en cuanto a externalizar productos o servicios en empresas de su entorno, que también se mezcla con la falta de óptica de los nuevos proyectos a la hora de apoyarse en estos líderes para poder crecer localmente y poder llegar a nuevos mercados de manera óptima. Todo ello junto lleva a una falta de especialización, competitividad y capacidad de crecimiento.
Así pues, una vez próximos a perder las ayudas públicas para la convergencia económica, la vía para generar nuevas oportunidades parece el cambio de cultura entre los empresarios. Las condiciones económicas, los problemas orográficos y de ubicación geográfica tienen difícil solución, pero no así la cultura que permita que se consoliden núcleos económicos adecuados para generar cierto dinamismo en la economía dentro de cada macro-sector y la creación de lobbies para atacar otros mercados de manera competitiva.
El próximo fin se semana pararemos a detallar cómo afectan todas estas caracteristicas a Quobis y, potencialmente, a nuevos proyectos similares.


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