Emprender en Galicia: nuestro caso particular (y3)
Tercera parte y última del post. Partes previas:
1) http://iagosoto.eu/2011/01/16/emprender-en-galicia-nuestro-caso-particular-1/
2) http://iagosoto.eu/2011/01/23/emprender-en-galicia-nuestro-caso-particular-2/
Hasta aquí hemos visto como afecta a una empresa el hecho de establecerse o iniciar la actividad en Galicia, ahora toca comentar cómo ha afectado ese escenario a Quobis.
Emprender en Galicia tiene cosas maravillosas y más siendo originarios de este lugar, al permitirnos estar cerca de nuestras familias. Además, tenemos la extraña sensación de satisfacción personal de que al quedarnos en Galicia estamos ayudando (aunque sea con nuestro granito de arena) al despegue económico de nuestro territorio y, en cierta manera, ayudando a generar riqueza.
Esto es cierto, pero también tiene sus condicionantes menos positivos. Emprender en nuestro sector y Galicia, más sin una gran experiencia previa tiene unas características propias que creo que lo hacen más complicado que en otros lugares. Una de ellas sería el propio posicionamiento físico, donde estamos fuera de los grandes centros de negocio y hace que un primer momento te confines al micromercado local.
Ese confinamiento puede venir dado por la falta de capacidad económica en un primer momento, pero no suele ser la única causa. Son las propias instituciones, sean públicas (administración) o privadas (asociaciones,…) las que te animan de alguna manera a cerrarte a este mercado. Así, las ayudas públicas están enfocadas a que tengas tus propios y las asociaciones (al menos la mayor parte en las que estamos) están enfocadas a conseguir que la administración pública gallega genere políticas de apoyo a las empresas socias por la vía de subvenciones o contratataciones públicas beneficiosas.
Esa visión hace que las empresas opten por tener una oferta de servicios y productos amplia, para poder subsistir dentro del micromercado gallego. Esta falta de especialización, junto con el carácter propio gallego que ya comenté anteriormente (auto-odio, envidia del éxito próximo,…) hace que se perciba el resto del sector como potencial competencia y no como un aliado para superar las barreras ya intrínsecas al mercado gallego.
En nuestro caso padecimos también ese círculo vicioso. Nos inscribimos en las asociaciones sectoriales gallegas, participamos en las ayudas públicas del gobierno autónomico, etc y, por tanto, creamos una empresa muy orientada al mercado local y muy poco especializada, con lo que los resultados no fueron muy positivos ya que el mercado estaba bastante saturado. Aunque, por otra parte, fue ese mismo mercado el que nos dio pistas de que debíamos buscar más foco en nuestra actividad y buscar otras zonas.
Si bien la falta de tutela por parte de las asociaciones o administraciones puede afectar a que los proyectos arranquen, otro de los factores en la falta de empresas tractoras en nuestro sector. Es muy raro que alguna empresa pequeña o de reciente creación tenga como principal cliente a una de las grandes de nuestro sector. Esto se debe a que no existe en ellas una política de externalizar tareas más especializadas, con lo cual no se genera una industria que orbite en torno a la empresas tractoras. De esta manera, quedan dos opciones, seguir pensando en el mercado local, posicionarse con una oferta amplia y competir por la subvenciones (bien directas o para tus clientes) o asumir la hiper-especialización de tal manera que con las barreras que tenemos geográficas seamos todavía competitivos en otros mercados.
Esta fuerte dependencia de las ayudas públicas para dinamizar el mercado casi inexistente, también ha llevado parejo un política pseudo-clientelar donde, aparentemente, las adjudicaciones se otorgan con criterios bastante arbitratrios. Son pocas las voces que públicamente muestran sus recelos de las políticas adoptadas por miedo a represalias, debido a la fuerte dependencia de esas mismas instituciones en su cuenta de resultados.
La vía de futuro pasa por crear un sector más fuerte y que se muestre independiente del mercado local, de manera que pueda actuar sin estar pendiente de la administración pública y que realmente consiga una cuota dentro del PIB que lo convierta en representativo. Eso podría llegar a crear cierta voluntad de colaboración entre empresas que permitiría tener ventajas competitivas respecto a grupos de otras localidades.


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