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Experiencias con inversores

El primer año de Quobis perdimos no menos del diez por ciento del tiempo en la búsqueda de inversores que, echando la vista atrás, no teníamos ninguna posibilidad de conseguir. Pero, lo que es peor, estábamos convencidos de que sí lo lograríamos y, como tal, creamos una empresa que necesitaba la entrada de capital por parte de un inversores para poder ser sostenible el primer año.

Nos llevó a ello una experiencia previa, donde ya habíamos vendido a un inversor, aunque finalmente no resultó ser tal y, sobre todo, todo el ecosistema. Así, ya hace cinco años, había foros para búsqueda de inversoras, programas de business angels, capital riesgo privado y público, etc. Entramos en ese círculo y participamos con nuestra empresa en varios eventos y foros, donde coincidímos con otros proyectos, que estaban naciendo, de manera recurrente. Participar allí suponía un trabajo enorme en preparación y adaptación del plan de empresa al formato dado, preparar las presentaciones, etc.

De esos eventos nos surgieron algunas muestras de interés o, al menos así lo creíamos entonces, no eran intereses reales. En general (salvo excepciones) hay de dos tipos. Los primeros son aquellos que, sin mala voluntad, tienen curiosidad en conocer más información del negocio, pero nunca llegan a formalizar una inversión (de hecho, nunca invierten, nunca acabas de conocer si tienen capital y pierden su tiempò y te hacen perder el tuyo propio).

El segundo tipo es más peligroso porque sí que tiene mala voluntad. Son aquellos que conocen al dedillo la normativa fiscal de este tipo de inversiones (ventajas de ser capital riesgo,…), así como los mecanismos para asegurarse la inversión (mediante la obligación de recompra de las participaciones por parte del emprendedor a un precio superior al recibido). Así, se diluye el concepto “riesgo” en este tipo de inversiones y se convierten en préstamos con plusvalías sin necesidad de cotización (sólo el 1% de los beneficios). Se parece así a la política “Cofidis” de ofrecer dinero a gente necesitada, en este caso obnubilada por llevar a cabo un proyecto.

De los cientos de personas que pasaron por esos eventos estoy convencido que apenas había inversores en la sala, cuando realmente se vendían como un éxito en número de proyectos y asistencia. Si antes comentábamos que la subvenciones interviene la administración (dando dinero), las asociaciones, los gestores de subvenciones y las empresas que hacemos un pequeño lobby que redunda en una productividad tendente a cero, en este caso, aunque en menor medida, están implicadas las administraciones también (financian los eventos y los usan políticamente), las redes de ángeles/inversores (que organizan los foros) y los emprendedores (que seducidos por falsas experenzas acuden a ellos para satisfacer a los anteriores). Resultado final: nulos resultados, nula productividad.

También hay el lado positivo en este mundo, estamos tomando parte en Vindeira Capital Network (un foro de apoyo a nuevos proyectos en Galicia, bajo el paragüas de una plataforma técnológica) que creemos que corrige los errores de los anteriores: está focalizada en un sector (el nuestro), participan entidades con inversores reales (tienen que demostrar un bagaje de participaciones empresariales demostrable) y no se molesta demasiado a los proyectos que participan (al menos sólo lo necesario). Con todo, es complicado generar resultados.

Me pregunto cuánto de los proyectos que, como nosotros, dedican más de un diez por ciento de su tiempo durante el primer año de existencia, realmente necesitan la entrada de capital. Siempre recomiendo (aunque entiendo que no siempre aplica) dejar de perder tiempo en la búsqueda de inversores en la fase inicial y centrarse en buscar clientes.

La cara oculta de las subvenciones

Por poner un ejemplo, hubo momentos en los que nuestra empresa tenía acceso hasta cuarenta tipos de subvenciones públicas ofrecidas por el mismo organismo autonómico. ¿es esto normal? Estas cubrían desde la subvención de cualquier tipo de consultoría (negocio, marketing, internacionalización, calidad, …) soporte a la inversiones (tecnológico, no tecnológico, mayor de doscientos mil euros, menor de esa cantidad,…) etc.

La facilidad del acceso por parte de la administración a financiación europea derivó en que sean decenas los formatos de modelos de financiación y subvención que ofrecen a las empresas, que en algunos momentos paralizan la economía real ya que orientan a las empresas a la preparación de las propuestas de subvención y durante las dos semanas previas al fin del periodo de presentación todas las empresas están pensando únicamente en acabar dentro del plazo, dejando casi de lado su negocio tradicional.

Todo el mundo critica ese modelo, pero todo el mundo acude a él ya que es la vía más sencilla de conseguir ingresos en tu empresa que de otra manera costarían un esfuerzo mayor. Además de la repulsa que produce ver como las empresas de tu entorno se beneficían del dinero fácil mientras uno se esfuerza en ganarlo en el libre mercado.

Y hablo de dinero fácil ya que el nivel de auditoría del gasto realizado es prácticamente inexistente, y más aún en la verificación de los resultados de esas inversiones. Eso ha llevado que se cree una enorme industria que intenta asesorar sobre la mejor manera de conseguir subvenciones que no necesitas, te ayudan a justificar un gasto no realizado en el objeto inicial y, por supuesto, no les interesa en absoluto el retorno que producen esas subvenciones (el teórico diría que generar plusvalías en los beneficiarios mediante aumento del negocio, que se devolvería a la administración por la vía de impuestos).

A estos gestores de subvenciones hay que sumar las asociaciones. En nuestro sector somos muy propensos a estar asociados (al menos las empresas de fuera de Madrid, por lo que he apreciado). En general, todas estas asociaciones ayudan a estos organismos públicos y empresas gestoras a llevar al mercado ese producto y convencer a las asociados de esas subvenciones superfluas. Esto se debe a que la propia viabilidad económica de la asociación (ya abordaremos este tema) depende principalmente de la comercialización de estas subvenciones (ya que actúan como agentes comerciales comisionando un porcentaje). Así ganan viabilidad económica, consiguen réditos políticos para los gestores públicos y promueven el negocio de los gestores de subvenciones, ¿todo perfecto?

Tenemos el rol que ocupa el sector públicos, las asociaciones y los gestores de ayudas, pero qué representa la empresa. Ésta suele entrar con calzador en proyectos de dudosa motivación donde llega con la etiqueta de proyecto “gratis”, que me motiva mínimamente como no pensar que voy a perder el tiempo (ya que dinero no se pierde). Por esa senda creo que hemos caído muchos (nosotros los primeros), donde no hemos recibido apenas nada de lo previsto (aunque intentamos consolarnos porque era “gratis”) e intentamos pasar página y olvidarnos del proyecto, sin reparar en que la malversación de fondos públicos con la que hemos colaborado (cerrando el círculo) hecha por tierra cualquier política de responsabilidad social corporativa (a pesar de que ahora está de moda).

Creo que nosotros como participantes en esta noria, en el pasado, vamos por el camino de dejar de lado este tipo de prácticas y recurrrir a fondos públicos sólo para proyectos donde nos sirvan de estímulo para lograr antes resultados que redunden en beneficios e ir dejando de lado al ecosistema experto en contrafacturaciones y demás ingeniería de subvenciones que nos rodea. Algún día estas subvenciones se acabarán y tendremos algo ganado respecto al resto.

Es casi seguro que si la notificación de la existencia de una ayuda pública te llega por un gestor de subvenciones o por una asociación, que esta no te interese. Si internamente tienes un proyecto que así lo justifique es posible que ya encuentres la vía de financiación adecuada cuando se dé el momento, pero si recurres a sumarte a proyectos por ser gratis es posible que el gasto realizado sea el doble.

Emprender en Galicia: nuestro caso particular (1)

Aprovechando que es fin de semana, introduzco una serie sobre las consecuencias que tiene emprender en Galicia respecto a otros lugares, a modo de artículo off-topic. Seguirá el próximo fin de semana.

Quobis nació y tiene su sede principal en Galicia, una región/país del noroeste de España, que, como cualquier lugar del mundo, tiene sus características propias que condicionan el arranque de un proyecto de empresa y que, como tal, pueden repercutir en la viabilidad de la empresa respecto a iniciarlo en otra zona.

Antes de detallar como nos condicionó el entorno geográfico creo que es preciso describirlo, aunque sea bajo una óptica personal.

Galicia tiene la condición de nacionalidad histórica dentro de España, debido a que ya era una autonomía antes del periodo dictatorial en España (aunque es cierto que esa autonomía duró sólo unas semanas). Esa primera autonomía se basó en que tenía las características propias necesarias para ser un pais, como es una historia como pueblo (los nacidos en ese territorio llevan más de mil años autodenominándose gallegos), una cultura propia (basado en la existencia de un idioma que procede directamente del latín) y una voluntad popular (previo plebiscito).

Ese estatus le permitió acceder a cuotas de autogobierno bastante altas (en comparación con otras regiones o países europeos no soberanos), desde una fase inicial de la democracia. A este factor hay que añadir la componente económica.

Históricamente Galicia siempre fue una región cargada de recursos naturales, pero condicionada por la ubicación geográfica (fuera de las principales rutas), la estructura de propiedad del suelo (que tras cientos de años de herencias se ha ido fragmentando enormemente), los problemas orográficos (que han ayudado a marcar los rasgos diferenciadores), así como el carácter propio de los habitantes (con predisposición hacia la falta de confianza y un cierto carácter introvertido, propio de los lugares con condiciones climatológicas parecidas)

Todo ello ha hecho que Galicia, desde hace cientos de años, haya ido por detrás económicamente de su entorno, que, a pesar de disponer menos recursos naturales, no padecieron los problemas de manera tan acusada. Esa dependencia económica del entorno, cuya máximo exponente ha sido la necesidad popular de recurrir a la emigración, ha generado que su población sienta un alto grado de pertenencia a España y la Unión Europea. Así, partimos de un pueblo con fuertes caracteristicas propias, pero que no lo explicitan con una voluntad separatista.

Ese carácter, así como la enorme presencia internacional de naturales de Galicia, hace que sea visto como un pueblo amable (también inocente, a tenor de los chistes de gallegos de Latinoamérica). A esa amabilidad habría que añadir el carácter trabajador de los gallegos que, en general, no ha derivado en emprendedor (al menos en el sentido de crear empresas).

Además, habría que sumar la inherente o natural desconfianza en el futuro (quizás derivada de la estructura económica historica relacionada con la subsistencia). Esa desconfianza está relacionada también con la toma de posición conservadora a nivel político, además de un cierto apego por la necesidad de ser tutelados para tener mayores posibilidades de éxito, que puede ser bien en la forma de líderes religiosos o políticos (en forma de caciques todavía presentes en el mundo rural).

Por último, la última caracteristica genérica a tener en cuenta es el enorme apego a su tierra, en la forma de “morriña”, que es un término que se ha ido extendiendo por todo el mundo, en el que, además de un sentimiento de melancolia cuando se está fuera de ella, se traduce en un interés por lo local muy superior al resto de pueblos o regiones (las tasas de seguimiento de las noticias cercanas en los medios de comunicación es altísima en relación a otros lugares).

Hasta aquí los puntos principales y genéricos que modelan el contexto geográfico que nos rodea. Queda pendiente analizar como nos ha afectado a nosotros y qué ventajas e inconvenientes puede tener.

Vías de financiación de proyectos empresariales

Antes comentaba que echaba de menos no haber sabido apoyarnos en consejeros para nuestra empresa, una de las mayores lagunas de partida fue conocer las vias de financiación a las que tendríamos que acceder.

Hubo un día que una persona de una entidad bancaria, ante el primer proyecto importante al que habíamos tenido acceso, nos habló de polízas de crédito y descuento y estaba hablando de términos completamente desconocidos para nosotros. Habría que discutir los motivos por los que habiendo cursado una ingeniería y habiendo ido a varios cursos de emprendedores nunca habíamos conocido esas posibilidades que ofrecen (quizás debería hablar en pasado) los bancos.

La vías principales de financiación con las que debe contar una empresa son:

  • Capital propio o de los socios. Realmente el capital social se consideraba un indicador de la solvencia económica de la empresa. Actualmente cobra importancia en nuevos proyectos empresariales ya que puede verse como una medida del nivel del riesgo asumido por los promotores. Es decir, proyectos de tres mil Euros de capital social a la busca de inversores es posible que tengan limitado el alcance de la inversión a conseguir. En nuestro caso estuvimos muy condicionados por la capacidad económica en nuestro arranque, ya que previamente lo habíamos perdido todo en otro proyecto, pero fuimos capaces de ampliar nuestro compromiso económico con Quobis progresivamente.
  • Financiación bancaria. Que puede servir para financiar el inmovilizado de la empresa (nosotros, en nuestro arranque, pagamos por la vía de crédito las inversiones a realizar como mamparas, muebles, reforma de la oficina, etc), así como el circulante (por la vía de pólizas de débito o crédito). La diferencia entre la fecha de cobro por parte de los clientes y la fecha de pago a proveedores, es uno de los factores clave, especialmente cuando el volumen de reventa de tu negocio es alto, por lo que la vía de financiación más habitual es acudir a un banco para la apertura de una poliza. En nuestro caso, además de partir con una estructura (número de trabajadores) exageradamente amplia, nos creamos un modelo de negocio con mucho volumen en compras, por lo que tuvimos problemas al principio para tener una tesorería saneada.
  • Inversores. Aunque contaré en mayor detalle nuestra experiencia más adelante, sí que me gustaría indicar que es un vía de de financiación adicional. Aunque, bien es cierto, apenas hay proyectos empresariales donde entre inversores. De hecho casi son anecdóticos. Sirven para solucionar los problemas iniciales (sobre todo cuando hay una fase pre-market en el proyecto), pero también son problemáticos, porque no duele tanto gastar un dinero que no es propio y hace que uno se despiste sobre la necesidad de rentabilizar un negocio a corto plazo. Siempre me sorprende la cantidad de proyectos de empresa que pierden tiempo en la busca de inversores y analizar los procesos de entrada y salida de capital antes de centrarse en lo verdaderamente importante.

Los puntos claves en el análisis inicial financiero de un proyecto, al menos como lo vemos una vez pasada esa fase en nuestro caso, son: identificar el capital necesitado durante el primer año de manera muy rigurosa, intentando reducir al máximo los gastos generales; intentar cubrir la mayor parte de ese capital con fondos propios (vía capital disponible, préstamos personales, etc), ya que eso hará que en todo momento se juegue el dinero propio y se será más sensato en la toma de decisiones; conocer los productos bancarios financieros al detalle, analizando las comisiones y gastos derivados y con la óptica siempre puesta de que la persona de que la persona del banco siempre prefiere ganar dinero para su entidad y sus objetivos, antes que ayudarte y convertirse en tu amigo; y, por último, pensar si, pese a todo, son necesarios inversores en el proyecto y si interesa perder tiempo en buscarlos a cambio de unos euros que puedes conseguir de otra manera.

Sobre este punto ,parece que, proyecto que no consigue financiación por esta vía, proyecto que es difícil que triunfe. Mi opinión es justo lo contrario.

La importancia de dejarse asesorar

En nuestros comienzos asistimos a algún seminario de creación de empresas, bien impartido por alguna institución pública o por alguna consultora subvencionada. Todas tenían el mismo denominador común, el ponente daba consejos de algo que él nunca había hecho: montar una empresa.

Yo creo que eso nos condicionó a la hora de hacernos acompañar de gente que nos podía aportar su experiencia, ya que optamos por enfrentarnos en soledad a ese reto en los primeros años. Esta decisión, es cierto que lógica ya que aquellos primeros consejeros no nos aportaban nada, hizo que se alargara el periodo de aprendizaje y tuviéramos errores que eran fácilmente evitables.

De hecho, echo en falta haber creado dos consejos. El primero sería un consejo de administración con dos o tres personas que nos supieran asesorar en nuestra mayores lagunas, como eran el área administrativa, contable, recursos humanos o marketing/ventas. Así, estuvimos años sin crear planes de comercialización adecuados (dedicamos muy pocas horas a definir o planificar esfuerzos comerciales de meses y años), sin gestionar adecuadamente los planes de carrera del personal (donde nos queda bastante por hacer) o sin tener un plan estratégico que pudiésemos defender ante entidades bancarias para tener un mayor acceso a financiación privada.

Por otro lado, una especie de comité científico, formado por profesores de universidad o tecnólogos muy especializados que nos ayudara a identificar oportunidades tecnológicas por las que apostar. Durante años hemos conseguido financiación pública para proyectos de investigación y desarrollo que bien no eran lo suficientemente innovadores y relevantes como para conseguir ventajas competitivas o bien, si lo eran, no éramos capaces de trasladar esos productos al mercado aprovechando nuestra ventaja temporal sobre terceros.

Ahora que hay tantos eventos de emprendedores tengo la impresión de que los que quieren llevar a cabo nuevos proyectos están lejos de estar buscando consejeros. Se escuchan las experiencias de los ponentes pero no se cuenta con la posibilidad de tener personas que sigan los progresos del negocio y puedan sentarse a aportar su conocimiento periódicamente.

Un ejemplo es la red de mentores creada bajo un organismo público en Galicia, donde una serie de mentores o consejeros (muchos de ellos con un experiencia enorme) se ofrecen de manera gratuita a aconsejar a emprendedores. Ese organismo tutela el proceso para asignarte el mentor más adecuado y facilita los resultados, pero se da la circunstancia de que hay muchos más mentores que empresas, cuando debería ser al reves.

Nosotros accedimos a ese programa buscando consejos en el ámbito de los recursos humanos y pusieron a nuestra disposición a la antigua responsable de ese departamento en una empresa con varios miles de empleados. Aunque no tenga que ver con nuestro sector, sólo el hecho de hablar con una persona así ya merece la pena.

Paralelamente, hemos ido contratando diversas consultorías en las áreas en las que estábamos más flojos, teniendo un retorno a la inversión (estos sí que han sido de pago) altísimo. De hecho al poco tiempo ya te quedas con la sensación molesta de haber perdido tiempo, dinero y esfuerzos antes de conocer a estas personas.

Ahora, tras haber pasado cinco años en Quobis, y alguno más en expericiencias previas, tras haberme estrellado en diversos errores, tengo el convencimiento que todo lo hecho en cinco años lo podríamos haber hecho en dos, en el caso de tener la formación y consejeros adecuados. Así que espero en un futuro ayudar a terceros que quieran acelerar el éxito de sus proyectos.

Diferencias entre proyectos y empresas

Me llama la atención que cada vez escucho más la palabra “proyecto” y menos la palabra “empresa” en eventos de emprendedores.

Últimamente, gracias a las redes sociales, existen multitud de eventos de este tipo en todas las ciudades grandes. Existen aquellos en los que hay un ponente a priori relevante para dar consejos a nuevos emprendedores y luego se termina todos juntos en algún bar próximo haciendo algo de networking. Dije anteriormente a priori porque, tras haber acudido a una docena apróximadamente el último año, no quedo muy convencido de que den buenos consejos. Más bien salgo con la impresión que intentan trasladar sus efímeros logros como proezas, intentando trasladar la imagen de que sólo ellos son capaces de lograrlo.

Tengo que decir que voy a quitar de esa lista a casos de nuestro entorno geográfico gallego, donde nuestra humildad tradicional y el carácter “coitadiño” hace que tengamos un discurso casi opuesto al del resto de España, donde estamos más próximos de trasladar una imagen negativa de nuestros resultados.

Antes ya comentaba el caso de negocios “bluff” que no tienen un modelo de negocio claro y que no piensan en facturar. A esto hay que añadir que se habla de emprendedores de proyectos, en lugar de emprendedores de empresa, donde creo que la diferencia en abismal.

Esta diferencia es así porque creo que una empresa es un hervidero constante de proyectos. Nosotros creo que tenemos uno por cada oferta aceptada por parte de cliente, por financiación pública conseguida para el desarrollo de alguna solución novedosa, por cambios internos de organización, sistemas o por la realización de diferentes tareas administrativas.

Si pensamos un proyecto como la realización de un desarrollo tecnológico (al menos en los círculos que me rodeo) aplicable al mercado siguiendo un determinado plan de marketing, sólo estamos cubriendo un porcentaje muy reducido de todo lo que hay detrás del éxito de una empresa. Aspectos como la gestión de los recursos humanos, tesorería (como veíamos antes), administración en general, prensa, marketing, formación o vigilancia tecnológica tengo la impresión que nos han consumido recursos enormes estos años, es donde más hemos aprendido y más necesitábamos aprender y, en definitiva, son una parte imprescindible del desarrollo de nuestra idea en la forma de empresa.

Todos esos aspectos complementarios al producto o servicio a comercializar y al modelo de canal utilizado (internet/SEO en muchos de las nuevas iniciativas actuales) apenas se está cubriendo en todos esos nuevos foros.

Puede ser que tenga esa impresión porque en nuestros inicios empezáramos con un modelo muy complejo para nuestra realidad del momento. Por poner un ejemplo, arrancamos de cero con una área de administración , una comercial, gente trabajando en I+D, nuestro departamento de proyectos o operaciones, etc., todos internos a la empresa, lo cual nos llevo a nuestras primeras ineficiencias, como ya comentaré más adelante. Pero, echando la vista atrás creo que tuvo su parte positiva, porque para bien o para mal creamos una empresa desde el primer día y nos marcó el ritmo del time-to-market que es algo que preocupa poco.

Otro de los puntos clave de empezar fuerte, es que desde el primer día no éramos los más techies de la empresa, al contar con compañeros mejores en esas áreas. La posibilidad de especializarse hacia la gestión, marketing u otras áreas, en vez del desarrollo del producto, es algo que detecto que falta en muchos responsables de iniciativas de negocio. Creo que más de una vez hemos destacado grandes ideas que estamos conociendo, pero poca capacidad o dedicación a explotarlas en el mercado. Más adelante tocará hablar de la falta de asesoramiento.

Para resumir lo comentado hasta ahora, veo falta de espíritu de creación de empresas (al menos en el sector TIC), un timing muy largo para llevar productos al mercado y una excesiva poca preocupació por hacer que esos productos facturen y, adicionalmente, que sean rentables.

Facturación vs rentabilidad

Una de las cosas buenas que ha dado la crisis de 2008 que todavía vivimos es que se empieza a hablar de rentabilidad en las empresas en lugar de facturación.

En mi caso, creo que me han preguntado por la facturación de nuestra empresa Quobis más de un centenar de veces, pero no recuerdo ni una sóla que nos hayan preguntado por la rentabilidad, beneficios, pérdidas, etc. La facturación y, en menor medida, el número de trabajadores son las dos preguntas curiosas por parte de clientes para ver el grado de confianza que deben tener en una empresa y por parte de colegas del sector para cotillear si le va mejor o peor que a ellos.

Aunque no queda hay la cosa, ya que el nivel de facturación sí que era un indicador válido, incluso de la salud económica, hasta hace unos años. Así, mayor facturación implicaba mayor capacidad de endeudamiento y, por tanto, mayor capacidad de soportar el crecimiento de la estructura, que llevaba a mayor capacidad de facturación y se cerraba el círculo que permitía crecer la burbuja económica empresarial que fue uno de los detonantes de la crisis.

En mi primer trabajo, donde colaboraba en una empresa perteneciente a una de las principales constructoras de España, se vivía esta situación hasta extremos radicales, donde se prefería no ganar dinero ante la posibilidad de conseguir una obra de gran volumen. Se dejaba la rentabilidad a expensas de hipotéticos ahorros en la ejecución (que podrían también ser gastos adicionales) y ampliados derivados del proyecto. Pero había una premisa que era llegar a los tres mi millones de euros de facturación en pocos años. Lógicamente, la línea de negocio de telecomunicaciones era irrisoría en el volumen global, pero nuestra rentabilidad multiplicaba por diez a las líneas más consolidadas o de mayor volumen, por lo que éramos una buena herramienta para mejorar otros indicadores.

Nosotros tenemos un nivel de facturación relativamente bajo para nuestro tamaño, al menos siempre estamos encasillados como pequeña empresa incluso en nuestro sector y país, pero creo que seríamos capaces de generar facturaciones de unos pocos millones de euros con margenes del dos por ciento e incluso facturar algunas decenas de millones sin margen. Aunque, como es lógico, eso no serviría para nada.

Mientras esperamos al primero que nos pregunte si nuestra empresa da beneficios o pérdidas, seguiremos trabajando para mejorar nuestros ratios. Más adelante, contaré en detalle como se consigue eso en nuestro caso, pero viene a consistir en contener al máximo los gastos fijos, para que el beneficio que obtenemos por proyecto sirva, como mínimo, para cubrir esos gastos. En nuestro caso, teníamos el problema de que los gastos laborales (que son más de un ochenta por ciento del gasto total) los considerábamos gastos fijos, porque no éramos capaces de involucrarlos a proyectos. Eso condicionaba nuestros objetivos de facturación de manera severa, que afortunadamente ya fuimos capaces de aprender a imputar.

En general, creo que esta crisis es positiva para los modelos de negocio basados en conocimiento, talento o desarrollo de competencias humanas, ya que son modelos más intensivos en vender hora/hombre y presentan una mayor rentabilidad, que a su vez el sistema económico está empezando a valorar, lejos de los intercambios económicos elevados con reducidos márgenes y excesivos riesgos financieros y de tesorería.

La conclusión es que, para aquellos recién llegados al mundo de la empresa, estarán de suerte si se centran en generar modelos basados en rentabilidad económica desde el comienzo, lejos de riesgos financieros altos y de gestiones complicadas de tesorería.

Negocios reales en mundos reales

Año nuevo, blog nuevo.

Tras leer este artículo en El Confidencial http://www.elconfidencial.com/cultura/influyentes-internet-tienen-20110107-73294.html sobre la poca capacidad de convertir en dinero que tienen gente influyente en los medios 2.0, así como las reflexiones de Martín Pérez de Jobsket http://brigomp.blogspot.com/2010/12/emprender-en-espana-mito-2.html sobre la influencia de los nuevos “gurus” de la comunicación, creo que es una buena idea escribir sobre la importancia de construir un negocio real (con facturación y dinero por el medio) incluso en este nuevo mundo 2.0.

Cuando comenzamos en Quobis teníamos claro que era necesario generar beneficios desde el mes uno. Una serie de razones que ya comentaré más adelante hicieron que tuviéramos que arrancar con una estructura bastante grande (al menos para lo que necesitábamos en ese momento), por lo que teníamos que generar ingresos rápidamente, ya que nuestro capital de partida era escaso y se acabaría en no más de tres meses. Bien es cierto que también considerábamos la entrada de inversores, y que incluso éramos inconscientemente optimistas sobre ello, pero eso no quita para que tuviéramos claro la finalidad de la empresa.

Y, ciertamente, la finalidad de una empresa es generar negocio convertible en dinero. Es cierto que otros fines como el desarrollo personal, la responsabilidad social, el respeto a la cultura y medio ambiente son también fines, pero si no existe negocio no existe nada (al menos mientras trabajemos en un esquema capitalista).

Me sorprende la cantidad de proyectos burbuja que salen a la luz. Estando en varias asociaciones tanto de nuestro sector como más generalistas como son las de jóvenes empresarios, siempre hay un porcentaje de empresas o proyectos nuevos que tras una explicación de varios minutos y una visita a la página web no soy capaz de entender la vía de generación de dinero que tienen prevista.

En efecto, no ayuda que empresas basadas en redes sociales se anuncien con un valor de mercado cien veces superior a la facturación del último año (si nos aplicáramos el caso creo que muchos seríamos millonarios), ya que creo que está haciendo que mucha gente piense en lanzar una proyecto de empresa pensando en ofrecer servicios gratuitos para hacer crecer una comunidad y, posteriormente, pensar en como empezar a rentabilizarlo.

Esta actitud está haciendo que se busquen más inversores que clientes y, en los mejores blogs, páginas o charlas de emprendedores, se resalta como el mayor éxito que un emprendedor dé entrada en el capital de un proyecto a un inversionista que a los resultados económicos del proyecto.

Desde mi punto de vista, es preferible centrar en un proyecto que pueda facturar desde el mes uno. En nuestro caso creo que lo conseguimos. Bien es cierto que el tipo de proyecto que haces al principio o el tipo de cliente al que se lo has realizado no sean claves pasados ciertos meses o años. Creo que nuestros primeros clientes eran de sectores que ahora no abordamos, ni el trabajo realizado está dentro de nuestro portfolio actual, pero en cierta medida sirven para consolidar con el paso del tiempo el proyecto de empresa, ganar confianza del mercado y experiencia propia, dar visibilidad al proyecto a los bancos, etc.

En resumen, la mejor opción son aquellos proyectos o empresas que tengan modelos de negocio claros desde su inicio, con orientación a cubrir necesidades reales del mercado y que, por tanto, puedan ser generadores de ingresos desde sus inicios.